La segunda pintura al óleo de 1742 o 1743 obra de Jean-François de Troy: “Jasón doma los toros de Eetes” representa el momento en el que el héroe clásico Jasón durante uno de los retos de su búsqueda del vellocino de oro, doma milagrosamente dos toros que escupen fuego.
Cuando Jasón
y los argonautas
llegaron a la Cólquida y reclamaron el vellocino de oro, el rey Eetes les prometió que se lo entregaría sólo si eran capaces de
realizar ciertas tareas. En primer lugar, Jasón tenía que juntar
dos toros que
echaban fuego por la boca y arar con ellos un campo dedicado a
Ares. Una vez arado,
debía sembrar allí los dientes del dragón
que había matado Cadmo.
Cuando el héroe hizo esto, ayudado por una poción que le hizo Medea
para evitar el fuego, vio cómo de los dientes surgía un ejército
de soldados completamente armados. Pero Medea le advirtió de lo que
iba a pasar y le enseñó la forma de librarse del ejército mágico:
lanzando una piedra entre ellos, los soldados, que no sabrían quién
la había arrojado, lucharían entre sí hasta la muerte.